La transición del neoliberalismo al pos neoliberalismo en los casos de Brasil y Uruguay. El papel que desempeñaron históricamente el PT y el Frente Amplio hasta llegar al gobierno.

10 Junio 2016 K2_ITEM_AUTHOR 

 

Resumen

El presente trabajo tiene el propósito de estudiar comparativamente el origen y el proceso de consolidación durante los años 90 del Partido dos Trabalhadores en Brasil y del Frente Amplio en Uruguay. También, analizar las transformaciones que sufrieron hasta llegar al gobierno y con cuales recursos de poder cuentan una vez que se encuentran en la presidencia de ambos países.

 

 Por: Camila Beglinomini

  1. Introducción

En los últimos años en América Latina se llevaron a cabo importantes cambios a nivel político, económico y social como consecuencia de las políticas que desarrollaron los llamados gobiernos progresistas. Este trabajo busca analizar la transición del neoliberalismo a los gobiernos considerados pos neoliberales en los casos de Brasil y Uruguay. Su importancia reside en que para comprender  el presente de los gobiernos de ambos países, como también vislumbrar cómo será su futuro, es necesario estudiar los  orígenes de los gobiernos actuales y analizar cómo se conforman las bases sociales y políticas que los sustentan.

Los casos de Brasil y Uruguay tienen una gran cantidad de características comunes, pero entre las mismas se destaca el hecho de que los gobiernos de ambos países son representantes de partidos políticos de izquierda con más de veinte años de antigüedad, fuertemente estructurados que se consolidaron a lo largo del tiempo en su rol tanto de oposición como de dirección sindical y de representación parlamentaria. Estos partidos lograron canalizar las demandas de la sociedad frente a la crisis del modelo neoliberal y el desgaste de los partidos  tradicionales. El Partido dos Trabalhadores en Brasil y el Frente Amplio en Uruguay, a pesar de encontrarse a la izquierda del espectro político, han logrado adaptarse a las nuevas circunstancias  ampliando su electorado para no solo representar a los sectores trabajadores y campesinos, si no también a la clase media y sectores de la burguesía.

Este trabajo tiene como propósito estudiar ambas etapas, la neoliberal y la pos neoliberal, donde el hilo conductor es el papel de los partidos políticos ya mencionados así como las figuras de Lula Da Silva y Tabaré Vázquez. ¿Cómo fue la acumulación política de estos partidos de centroizquierda durante el neoliberalismo? ¿Cuáles de sus elementos ideológicos se diluyeron y que marco de alianzas debieron formar para alcanzar la presidencia? ¿Qué similitudes y diferencias presentan ambos procesos políticos? 

 

  1. Marco teórico

En cuanto a los conceptos teóricos de este trabajo, se toma el concepto no solo de populismo sino también las caracterizaciones que hace Ernesto Laclau en “Consideraciones sobre el populismo latinoamericano” sobre los gobiernos progresistas que emergieron en los últimos años. Según este enfoque,  el populismo emerge mediante la articulación de lógicas equivalenciales, es decir, cuando comienzan a articularse demandas insatisfechas y se cristalizan en torno a símbolos comunes, las mismas son captadas por un líder que las interpela, adquiere su discurso y las representa. Este autor considera que en la región se produjo un giro general hacia la centro-izquierda y que la lógica equivalencial surgió con la crisis del modelo neoliberal que ya no representaba a algunas facciones de la burguesía y nunca lo hizo con respecto a los trabajadores y los desempleados. Para analizar la etapa neoliberal, este trabajo se apoya en lo escrito por Juan Carlos Torre en “El proceso político de las reformas económicas en America Latina”, en el cual se estudian las características comunes de los procesos de reformas estructurales en américa latino como también se consideras las particularidades de cada país analizando también sus causas, en cuanto a la historia de la región se toman elementos  de Mario Toer en su libro “de Moctezuma a Chavez”.

 

  1. Características generales de Brasil y Uruguay

A pesar de las semejanzas ya mencionas entre los procesos políticos llevados a cabo por el PT y el FA, es necesario tomar en consideración que se inscriben en países cuyos sistemas políticos, instituciones, características económicas y estructuras sociales presentan grandes diferencias. Las mismas influyen en gran medida en las trayectorias y estrategias de los partidos y al mismo tiempo imponen límites a la implementación de un programa socialdemócrata por parte de los gobiernos pos neoliberales. 

3.1 La economía

A nivel económico, a pesar de que ambos países exportan commodities, Brasil tiene una producción mucho más diversificada y una economía más desarrollada.

Brasil representa actualmente una de las más grandes economías del mundo, mientras Uruguay no es un socio comercial importante para ningún país. Por tanto, la economía uruguaya es mucho más dependiente del mercado extranjero  (inclusive del brasileño) y esto restringe las opciones estratégicas del gobierno frenteamplista.

La economía y el mercado interno de Uruguay son mucho menores que en Brasil. El PIB per cápita uruguayo es un poco más grande, pero el PIB brasileño es 46,5 veces el uruguayo: según el FMI, mientras el PIB brasileño era de 1.981.210 millones de dólares en 2008, el uruguayo era, en el mismo año, solamente 42.540 millones. Además, Brasil tiene la mayor población de América Latina: casi 182 millones; mientras Uruguay tiene poco más que 3 millones de habitantes.

La economía brasileña es más diversificada ya que, aunque también es dependiente de los commodities, tiene una industria fuerte y vende productos industrializados al exterior. Uruguay es extremadamente dependiente de la venta de commodities, especialmente de la carne, de modo de que puede obtener una menor cantidad de valor agregado y es más vulnerable a las variaciones de los precios internacionales. (Reis; 2011)

3.2 Estructura social

Valter Pomar hace un análisis de las clases sociales en Brasil. Por un lado identifica a la burguesía como clase dominante. Esta clase durante los años 90 sufrió una gran transformación en su interior al llevarse a cabo una transferencia de recursos, y como consecuencia comenzó a hegemonizar la burguesía financiera por sobre la comercial, agraria e industrial. Estos sectores de la burguesía que se vieron marginados pasaron a oponerse a la hegemonía financiera y a buscar una salida al modelo económico neoliberal vigente. Este es el motivo por el cual algunos de los integrantes del sector de la burguesía que se encontró excluido del modelo neoliberal, pasó a apoyar la candidatura de Lula da Silva en las elecciones presidenciales del año 2002. Por otro lado, los trabajadores asalariados representan casi la mitad de la población brasileña. Sin embargo durante la década del 90, una considerable porción de esos trabajadores quedó desempleada o fue dispersada en las distintas regiones del país acompañando la relocalización de las plantas industriales. Por lo tanto la clase trabajadora y los sindicatos perdieron densidad y concentración de fuerza.

Otra de las características de la sociedad brasileña es la gran cantidad de campesinos sin tierra, se estima que hay alrededor de tres millones de habitantes en esa situación. La mayor parte de los mismos proviene de propiedades rurales que fueron expropiadas por los agronegocios o por deudas bancarias. Además, en las periferias de las ciudades se encuentran millones de brasileños desprovistos de empleos y propiedades. En su conjunto conforman la gran deuda social del Estado brasileño. 

En Uruguay, en cambio, la sociedad es generalmente concebida como una de las más igualitarias, en cuanto a nivel socio económico, de la región. Ya que, no solo tiene uno de los PBI per cápita más altos del subcontinente si no que esto se debe a que en dicha sociedad predomina una extensa clase media, y las clases bajas y altas están conformadas por una menor cantidad de personas. Esta Imagen de la sociedad uruguaya sin embargo fue modificándose a partir del desarrollo del modelo neoliberal en los 90 y especialmente luego de la crisis que atravesó el país en el año 2002. El  resultado es una estructura social más fragmentada tanto socialmente como territorialmente,  una heterogeneidad en el desarrollo local y la desigual distribución de las clases sociales en las distintas áreas del Uruguay.

3.3 Sistema político 

En cuanto al régimen político, Brasil presenta un presidencialismo como la mayoría de los países de la región. La elección del presidencialismo fue respaldada en 1993 por un referendum que se llevó a cabo, producto de un fuerte debate en la sociedad sobre el tipo de régimen que debía adoptarse. En tal referendum,  pese a haber sido mayoritariamente elegido el presidencialismo, el parlamentarismo contó con un fuerte apoyo de los partidos más importantes.  Otra de las características del Brasil es su fuerte federalismo. La descentralización se profundizó durante la dictadura con la transferencia de recursos políticos y económicos desde el poder central a los gobiernos de los estados y municipios. 

“Este proceso recogió su fuerza de las transformaciones estructurales operadas durante el régimen autoritario. La multiplicación de polos de desarrollo industrial promovida por los cambios económicos llevó a la formación de una estructura de poder más diversificada con epicentro de los estados regionales. Con la retirada de los militares, que hasta entonces proveían de un centro político, esta alteración en el equilibrio institucional entre la administración central y los gobiernos estaduales emergió a la superficie. Durante la transición a la democracia los gobernantes ganaron protagonismo ya que primero se realizaron elecciones libres a  nivel  estadual antes de que ocurriera lo mismo en el plano nacional. Los gobernadores electos dirigieron la movilización popular  y ganaron una participación sobresaliente en las negociaciones con los militares que condujeron al retorno de la autoridad civil. Una vez concretada la transición los poderes políticos regionales lograron consagrar el nuevo equilibrio en el texto de la constitución de 1988.” (Torre; 1998)

Esta descentralización del poder permitió que las oligarquías políticas de las regiones mantengan recursos y posiciones de poder también en la democracia. Reproduciéndose así en el nuevo régimen las viejas relaciones clientelares y estructuras patrimonialistas que estas oligarquías supieron construir durante el autoritarismo. (Tavares de Almeida; 2003)

Además, Brasil cuenta con un sistema partidario muy fragmentado, producto del sistema electoral proporcional y de una legislación que alienta el multipartidismo. A esto se suma que no hay fuertes identidades partidarias y si bien  hay varios partidos de alcance nacional, la mayoría se encuentran muy fuertemente regionalizados, con sus bases de poder desigualmente distribuidas (Nicolau, 1996).  Los partidos políticos brasileños se caracterizan por ser propensos a la indisciplina, esto obstaculiza en gran medida la conformación de coaliciones de gobierno, ya que los parlamentarios priorizan sus intereses individuales y corporativos por sobre los partidarios y los de la coalición.

La mayor diferencia del sistema de partidos de Uruguay con respecto a Brasil es que en el primero hay una fuerte identidad partidaria que se sostuvo a lo largo del siglo XX dividiendo a la población entre blancos y colorados. El régimen político uruguayo también es presidencialista y federal pero con un poder mayormente centralizado. En cuanto al sistema de gobierno, este consiste en una democracia mixta o semi-representativa, en la cual, predominando el carácter representativo del gobierno, se mantienen ciertas formas de gobierno directo por parte del pueblo, mediante, por ejemplo, referéndums y plebiscitos.

El sistema político uruguayo presenta algunas particularidades. En este país rigió la ley de Lemas hasta el año 1996, cuando se reformó la constitución. La ley de Lemas permitía que gobiernen facciones de partidos con un escaso porcentaje sobre el total de votos. Esto se debía a que consistía en un doble voto simultáneo, ganaba el lema con la mayor cantidad de votos pero el gobierno no correspondía a la totalidad del partido triunfante si no que a la facción que mayor cantidad de votos obtuviera al interior del mismo. Por lo tanto favorecía ña existencia de gobiernos débiles, con escaso apoyo en las cámaras del congreso. De esta manera cualquier ley que quiera aprobar el poder ejecutivo tenía que ser negociada tanto con las otras facciones del mismo partido como con los partidos opositores.  

“Se ha sostenido con insistencia que este diseño institucional fue pensado para operar sobre la base de un sistema bipartidista (el que tradicionalmente regía a la política uruguaya por aquel entonces). Sin embargo, desde 1971 en adelante (año en que surge el Frente Amplio), al desempeñarse en un contexto pluralista moderado asentado sobre la base de un sistema proporcional puro, el que facilita en cierta medida la fragmentación partidaria, se condiciona notablemente la acción del Poder Ejecutivo y el uso que pueda llegar a hacer de las importantes herramientas señaladas anteriormente.” (Ruiz Valerio; 2004) 

Con la reforma constitucional de 1996 se introducen las elecciones internas ,en las cuales cada partido elige su candidato único a la Presidencia. Además, se desdoblan las elecciones celebrándose las elecciones presidenciales y parlamentarias en un primer momento, y posteriormente las elecciones municipales. Y, lo que es más relevante, se implementa el balotaje para las elecciones presidenciales, en caso de que ningún candidato logre la mayoría absoluta, es decir más de la mitad de los votos. 

Esta reforma permitió limitar las fragmentaciones al interior de los partidos y fortalecer el poder de los gobiernos electos. Sin embargo, al analizar esta reforma no debe ser aislada del escenario político de aquel tiempo. La instauración del balotaje fue fruto  de un acuerdo entre el Partido Nacional y el Colorado para impedir una posible victoria del Frente Amplio; tal como ocurrió en las elecciones de 1999, en las cuales Tabaré Vazquez logra el 40% de los votos pero pierde en el balotaje frente a Jorge Batlle debido al pacto entre blancos y colorados en el que se aseguraban sumar sus votos para impedir el triunfo del FA.  

 

3.4 Partidos políticos  

En relación a las fuerzas políticas de cada país, se presentan grandes diferencias entre ambos países. Como se mencionó anteriormente, el sistema de partidos brasileño se encuentra muy fracturado, pero en cuanto a su contenido ideológico Pomar identifica tres grandes corrientes que marcan la historia de dicho país desde la primera mitad del siglo XX: 

Una de estas corrientes políticas es la conservadora, la cual “se caracteriza por defender un desarrollo capitalista sin la realización de reformas estructurales ni la difusión de los derechos democráticos-burgueses, y por estar a favor de mantener al país uncido a los intereses de las potencias capitalistas. En su seno se puede distinguir una brecha entre los que defienden una mayor participación activa del Estado en la economía y los que no. De cualquier modo, esa corriente, dirigida por los que privilegian el Estado, fue hegemónica en Brasil durante la mayor parte del siglo XX, y sus impulsores fueron responsables por la industrialización de los años 30 y los 40 y, después, de los 60 y los 70.” (Pomar; 2010) 

Por otro lado se encuentra la corriente progresista, la cual defiende un desarrollo capitalista combinado con reformas parciales, como por ejemplo la participación activa del Estado en la economía y cierta dosis de soberanía nacional en cuanto a la política exterior. Esta fuerza fue minoritaria a lo largo del siglo XX, y fue hegemonizada por partidos representantes de la burguesía aliándose en momentos determinados con fuerzas populares y socialistas. Esta corriente estuvo representada en el gobierno de Juscelino Kubitschek (1956 -1961). 

Y finalmente, la corriente democrático-popular, la cual se posiciona a favor de un desarrollo combinado entre formas capitalistas y socialistas, impulsando reformas estructurales, redistribución de la renta y una política de soberanía nacional. Aunque también ha sido minoritaria durante la mayor parte del siglo XX, cobró fuerza con la creación del PT en los años 80. A partir de la década de 1990, el escenario político se polarizó entre la corriente conservadora, en la cual pasó a hegemonizar la facción financiera de la burguesía,  y las corrientes progresistas y democrático-populares que se unieron con la hegemonía del PT. Las facciones de la burguesía y la pequeña burguesía que se vieron excluidas de la corriente conservadora (por la hegemonía de la facción financiera)  pasaron a apoyar al bloque contrario en las elecciones presidenciales del año 2002. 

 En Uruguay, en cambio, los partidos políticos tuvieron continuidad desde el siglo XIX. El fin de las guerras civiles entre ellos a principios del siglo XX posibilitó la construcción de un Estado democrático que los tuvo  como principales administradores, y continuaron protagonizando la gestión gubernamental del mismo bajo diversas formas de coparticipación, a lo largo de todo el siglo XX. Se sucediron en el gobierno durante mas de un siglo y lograron una fuerte representación partidaria en la sociedad, generando una cultura política en la que la identificación partidaria prima hasta hoy en día.

 

  1. Origen del Partido dos Trabalhadores y del Frente Amplio

“Pero la diferencia más importante desde el punto de vista de la ‘coyuntura’, es que el PT nace en la transición hacia la democracia brasilera: es hijo de la Nueva República. En cambio, el FA es, en Uruguay, reacción a la decadencia económica y política de un consenso agotado: su creación antecede en apenas dos años al golpe de Estado, permanece en estado de ‘animación suspendida’ durante la larga hibernación del período militar, y resurge como fuerza decisiva en los 90s, destinada a quebrar definitivamente el bipartidismo que había organizado al sistema político uruguayo durante más de un siglo.” (Moreira) 

El frente amplio surgió entre 1970 y 1971, como un frente popular inspirado en las experiencias de la Unidad Popular chilena, incorporando a diferentes grupos de izquierda o progresistas que se oponían al conservadorismo de Pacheco Areco (Presidente desde 1967 a 1972, perteneciente al Partido Colorado) como comunistas, socialistas, demócrata-cristianos y disidentes de los partidos tradicionales Colorado y Blanco. Como antecedente se encuentra la creación en 1964 de lo que se llamó la Convención Nacional de Trabajadores (CNT). El surgimiento El Frente Amplio fue posteriormente el enemigo central de la dictadura, primero con Bordaberry y después con el régimen militar. 

 Se consolidó, paradójicamente, durante la dictadura militar (1973-1985). En el año 1989 se produce la primera victoria para esta fuerza política, con la obtención de la intendencia de Montevideo , donde vive más del 40% de la población uruguaya.  

El PT surge en los años 80, en plena transición democrática y es fruto de la nueva estructura social del Brasil “posmilagro”. El llamado milagro brasileño hace referencia a la enorme expansión industrial que hubo en el periodo 1967-73, a partir de la cual la producción industrial con orientación al mercado externo se convirtió en el principal sector de la economía. Este desarrollo fue acompañado con una fuerte represión que encauzó las estructuras sociales acomodándolas a la economía industrial (Romero; 2006) 

El PT marca una ruptura con el sindicalismo varguista y su base social se encuentra en el ABC metalurgico (el ABC es la zona industrial de la Región Metropolitana de San Pablo). En sus comienzos, el Partido dos Trabalhadores organizó grandes manifestaciones en las principales ciudades del país bajo el lema “Diretas Ja”, reivindicando el derecho a elegir al presidente por voto directo de los electores. Esto se debe a que los militares habían instaurado un sistema de elección presidencial según el cual correspondía a un colegio electoral conformado por parlamentarios elegir al presidente de la República, se tenía como premisa que el pueblo debería elegir al presidente de manera indirecta, ya que eran los parlamentarios quienes representaban a los votantes. Finalmente, el electo presidente Sarney convoca  a una asamblea constituyente en 1988 donde se establecen no solo las elecciones directas, también se consagran importantes derechos políticos y sociales. De esta manera, el PT logra desempeñar un rol importante en el escenario político brasileño, lo cual se ve reflejado en los primeros triunfos electorales en algunos municipios: Diadema en 1982 y San Pablo, Porto Alegre y Victoria en 1988. Estos triunfos sirvieron para catapultar la candidatura de Luiz Inácio Lula da Silva para las elecciones presidenciales de 1989, en las cuales logra un buen resultado y entra a la segunda vuelta junto a Collor de Mello. Finalmente la segunda vuelta consagra como ganador al candidato del Partido de Reconversión Nacional pero por un escaso margen.   

El crecimiento del PT desde fines de los años 80 y los años 90 se explica a partir de su capacidad de articular las demandas de los sectores sociales que reclamaban garantizar sus derechos que el capitalismo tardío dejo pendientes. Esto se vio reflejado a través de, no solo las manifestaciones por las “diretas ja” y la constituyente de 1988, sino también de la conformación de un nuevo sindicalismo (la CUT) por fuera de las estructuras tradicionales del varguismo, que constituye la principal base social del PT, y la coordinación con el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST).  

En cambio, el crecimiento del FA se puede entender como consecuencia de la capitalización del descontento de la población, en parte por la erosión de legitimidad de los partidos tradicionales, los cuales llevaban más de un siglo de gobierno, y de desdibujamiento progresivo de sus diferencias por ejercicios de coalición permanentes, y también por su condición de administradores de un modelo con fuertes componentes liberales poco gratos a una población con tradición estatista. Al mismo tiempo, el FA representa la una alternativa nueva y los resquemores con respecto a esta fuerza política, han sido progresivamente eliminados por la considerada exitosa gestión del gobierno de la capital del país.  

A diferencia del Frente Amplio, el PT reconoce, desde sus orígenes, una identidad de “clase”, que se hace manifiesta en la elección de su sigla y su principal representante (Lula, dirigente del movimiento sindical de ABC paulista). El Frente Amplio, por el contrario, como su nombre lo indica, comienza como un frente que reúne a comunistas, demócratas-cristianos, escindidos blancos y colorados, socialistas, y toda clase de independientes.  

Sin embargo, en ambos países, la consolidación de un movimiento sindical autónomo fue decisivo para el fortalecimiento de un partido de izquierda que trascendiera su condición de pequeño partido “ideológico”, para consolidarse como partido “de masa”. Además, en ambos casos la alianza sindicalismo-clases medias parece determinante de las probabilidades de éxito de la penetración partidaria de las izquierdas. (Moreira; 1998) 

 

  1. Los años 90, consolidación del PT y el FA en el escenario político

En Uruguay las reformas en el Estado se hicieron de manera gradual y progresiva. Durante este periodo gobernaron tanto el Partido Colorado, con la primera y segunda presidencias de Sanguinetti (1985-1990; 1995-2000), como el Partido Nacional con Lacalle (en el periodo 1990-1995). 

Durante los años 90 el Frente Amplio comienza un proceso de acumulación política, donde se busca canalizar el descontento de la sociedad uruguaya frente a las privatizaciones a partir del impulso de los referéndums. Según Arocena, esto está relacionado con el legado del batllismo en la sociedad: ”Denominado así por José Batlle y Ordóñez, presidente de la República (1903-1907 y 1911-1915) y máximo dirigente del Partido Colorado durante largo tiempo, designa por lo menos tres cosas: 1) la corriente que ese dirigente fundó dentro de su partido; 2) un pionero Estado de Bienestar, construido durante las primeras décadas del siglo XX; 3) una ideología que resalta el papel del sector público en el arbitraje pacífico de los conflictos, en la protección social, en la disminución de las inequidades y en la defensa tanto de la producción nacional como del empleo. A comienzos de los años 90, el FA se había consolidado como partido único de la tradición de izquierda uruguaya y de la resistencia a la dictadura En algún sentido, fue desde el batllismo que se proyectó un lento avance de las izquierdas uruguayas durante un largo periodo que culminó en la década de 1960. Éstas apoyaban gran parte de las reformas del batllismo, sus nacionalizaciones y sus estímulos a la industria, que democratizaban al país, ampliaban a la clase obrera y favorecían la sindicalización.” (Arocena; 2005) 

El ascenso del Frente Amplio queda registrado en las elecciones presidenciales de 1994 donde hay prácticamente un triple empate entre el Partido Colorado, el Partido Nacional y el FA. La dirigencia de los partidos tradicionales, ante el temor de un posible triunfo del Frente Amplio en próximas elecciones, decide reformar la constitución instaurando un sistema en el que al no obtener un partido la mayoría absoluta (más del 50% de los votos) se debe ir a una segunda vuelta. De esta manera, blancos y colorados se aseguraban sumar sus votos en un posible balotaje para impedir el triunfo del FA. 

Finalmente, esta situación se da en las elecciones de 1999, donde Tabaré Vazquez logra el 40% de los votos en las elecciones presidenciales pero pierde en el balotaje frente a Jorge Batlle debido al pacto entre blancos y colorados. 

En Brasil, las reformas estructurales propias del periodo neoliberal también se encontraron con las dificultades que presenta el sistema político. La tarea de la estabilización económica fue demasiado exigente para para las capacidades de los gobiernos. Sin embargo,  cuando se desarrolló la estrategia de la liberalización comercial y las privatizaciones, aunque se llevó a cabo gradualmente,  fue de manera exitosa. Esto se debe a que la percepción de los desequilibrios macroeconómicos que se iban produciendo en el país. El cambio de rumbo se insinuó con la presidencia de Sarney pero las reformas estructurales adquirieron el status de políticas públicas durante la gestión de Collor de Melo. Collor se benefició del colapso de los grandes  partidos que habían secundado a Sarney como también pudo tuvo la capacidad de instalar en la agenda de gobierno el discurso antiestatista, el cual fue ganando legitimidad.

En un país en el que el proyecto desarrollista era ampliamente compartido, tanto en los sectores conservadores como en los progresistas, donde descansaba sobre fuertes intereses creados y, además, estaba asociado a un desempeño comparativamente exitoso, ese nuevo consenso postulaba previsiblemente una reconversión gradual en el tiempo.

Collor tenía apenas un total del 5% de representantes en el congreso, y sumados a los que pertenecían a los partidos de la coalición (no siempre confiables) totalizaban el 33%. Por lo tanto, la aprobación de leyes necesarias para transformar la estructura del Estado brasileño y su economía contaba con grandes dificultades. Fue por eso que su presidencia se caracterizó por recurrir a la política de las situaciones de crisis, es decir, por la utilización de decreto presidenciales en lugar de negociar con el congreso. (Torre; 1998)

El PT durante este periodo, habiendo quedado a pocos votos de ganarle la elección presidencial a Collor de Melo, fue desarrollando un “modo petista de gobernar”. El partido contaba con el gobierno de Diadama, Porto Alegre, Sao Paulo y Victoria. En las mismas llevó a cabo una gestión participativa. Desde 1996 se toma como eje programático el Presupuesto Participativo, a partir del cual la gestión pública se desarrolla abiertamente con la ciudadanía. Este fue su sello distintivo y logró seguir ocupando un lugar preponderante dentro del escenario político brasileño en su rol de oposición. (Romero; 2006)

 

  1. Transformación en partidos “catch-all” y llegada al poder

La implementación de la segunda vuelta en las elecciones impulso al Frente Amplio a ampliar su base electoral moviéndose hacia el centro del espectro ideológico ya que con el apoyo tradicional del FA no le bastaba para lograr más del 50% de los votos. Además esta situación confluye con la victoria de Lula da Silva en Brasil, que demuestra que un gobierno de la izquierda es posible y no desencadena una crisis institucional. 

Para el año 2004 la situación económica mejoró, luego de la fuerte crisis económica que se desató  en el país en el año 2002, Tabaré Vázquez era el candidato favorito en las encuestas. Finalmente en las elecciones de ese año, el candidato del Frente Amplio gana las elecciones presidenciales en la primera vuelta. Por primera vez en la historia de Uruguay llega al gobierno un partido por fuera de las estructuras del Partido Colorado y el Partido Nacional. 

Como señala Lanzaro en “El Frente Amplio: un partido de coalición, entre la lógica de oposición y la lógica de gobierno”, el FA para llegar al gobierno se convirtió en un clásico partido catch all, que tuvo que despojarse de algunas de sus características más identificadas con la izquierda para lograr el voto de la mayoría de la población. Esto lo hizo sin dejar de representar a los sectores que ya lo venían apoyando como los trabajadores organizados en las estructuras sindicales con las que el FA tiene una alianza y forman parte de su base social. 

Estas izquierdas, que han vivido en hermandad con el movimiento obrero, abandonaron las pretensiones de impulsar una transformación en profundidad de la sociedad capitalista y desarrollaron la condición de partidos catch-all, de tipo electoral. Por ende, perdieron espesor como partidos de masas y, aunque preserven el enlace con los sindicatos, apuntan a una audiencia más amplia y diversificada. La prosperidad electoral y la conquista del gobierno pasan a ser su leitmotiv central, pro-curado mediante empeños que fueron remodelando la organización de estos partidos y su membresía, los procesos decisorios y las estructuras de liderazgo. (Lanzaro; 2008) 

La izquierda en Uruguay pudo convertirse en un partido “de masas” porque ocupó un vacío: supo representar a un electorado cuyas muy estables actitudes políticas dejaron de encontrar su referente en los partidos “históricos”, notoriamente corridos a la derecha. En Brasil, supieron ser la opción “popular” que las tradicionales formas elitistas de hacer política no habían conseguido consolidar. Pudieron, en ambos casos, concitar amplísimas adhesiones, porque trascendieron la prédica comunista y marxista que las sociedades brasileras y uruguayas no parecían dispuestas a adoptar. (Moreira; 1998) 

Esas rutas condujeron a la instalación de los gobiernos socialdemocráticos que, aunque tienen peculiaridades propias, muestran los rasgos típicos de las experiencias de este género, y en particular dos características definitorias. Por un lado, son gobiernos compuestos por partidos de izquierda de filiación socialista, reformista o revolucionaria, que al influjo de la competencia políti-ca en sistemas relativamente institucionalizados asumieron las reglas de la democracia representativa de raigambre liberal y respetan los parámetros de la economía capitalista bajo sistemas de mercados abiertos. Por otro lado, en virtud de su matriz ideológica y movidos por la misma competencia inter e intrapartidaria que los induce a ajustarse a dichas lógicas, estos gobiernos tratan de impulsar orientaciones distintivas en políticas públicas estratégicas. (Lanzaro; 2008) 

 

  1. Marco de alianzas

El proceso de apertura ideológica que conlleva la transformación en partido catch-all para poder llegar al gobierno, en el caso de Brasil se vio acompañado por una ampliación en el marco de alianzas con otros partidos políticos.  

Uruguay tiene una fragmentación partidaria mucho más pequeña. El Frente Amplio se transformó en la única opción de izquierda y logró conquistar la mayoría parlamentaria. El FA ha tenido mayoría en las dos cámaras legislativas en las dos últimas legislaturas. Desde la elección de 1999, la primera en dos vueltas, el FA es el partido más votado y elige más escaños para el parlamento (Cámara de Senadores y Cámara de Representantes) que cualquiera de los partidos “tradicionales”, el Nacional y el Colorado. (Reis; 2011) 

El FA por su génesis constituye en sí mismo un “partido de coalición”, fragmentado pero unificado. En Brasil hay en cambio un gobierno de coalición. El PT no cubre el universo entero de las izquierdas y comparte poderes con socios de otros linajes, en relaciones complejas.  

En Brasil el PT jamás tuvo un cuarto de los escaños, es decir, representa un partido minoritario que gobierna a base de una coalición heterogénea. Además, los aliados de izquierda no tienen una bancada tan numerosa, de modo de que la coalición de gobierno necesita incluir partidos conservadores, especialmente el PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño), que frenan su capacidad de avanzar más rápidamente en las reformas. Brasil, con su sistema partidario fragmentado, jamás tuvo un gobierno de partido único en toda su historia democrática. Por eso, el PT necesita hacer coaliciones con partidos conservadores. (Reis; 2011) 

Los dos mandatos de Lula han combinado el presidencialismo de coalición, una práctica consuetudinaria en Brasil, con un presidencialismo de compromiso, que implica buscar mayorías parlamentarias caso a caso, en arreglos de geometría variable. El FA tiene el coeficiente de poder más grande en tanto titular de un gobierno mayoritario, llevado adelante por un solo partido, con disciplina casi perfecta. No está obligado a formar coaliciones ni a celebrar compromisos parlamentarios y ha optado por prescindir tajantemente de la oposición. (Lanzaro; 2008) 

 

  1. Base social: el movimiento obrero

Uno de los recursos de poder más importantes para los gobiernos de la región es su vínculo con el movimiento sindical. En  ambos casos, existe una hermandad histórica entre partidos y movimiento obrero. Sin embargo las diferencias se encuentran en las características que presenta la conformación del sindicalismo en cada país. 

El movimiento obrero uruguayo consiguió se unificar en una sola central sindical relevante, el PIT-CNT, que está cercanamente conectada al Frente Amplio. Esto facilita la organización de negociaciones salariales tripartitas entre trabajadores, empresarios y el gobierno. Sin embargo, los sindicatos individuales tienen diferentes comportamientos a cerca de las medidas del gobierno frenteamplista. 

 La agenda política de los gobiernos frenteamplistas contempló a las clases trabajadoras a través de medidas de salario y seguridad social, regulación del trabajo y fueros sindicales, combate a la informalidad, reforma impositiva, sistema de salud, etc. De paso, se asignaron bienes de poder a los sindicatos, lo que favoreció el ejercicio de sus funciones e incrementó los niveles de afiliación.  

Existe una fuerte conexión entre el Frente Amplio y el movimiento obrero, pero ésta es informal, no es orgánica. La izquierda partidaria y los sindicatos uruguayos son orgullosos de sus respectivas autonomías. Aunque sea verdad que sindicalistas aparecen a menudo en las primeras posiciones de las listas de los sublemas del Frente Amplio a las Cámaras de Senadores y de Representantes, y que haya dirigentes frenteamplistas en posiciones de comando en el PIT-CNT (lo que Yaffé llama “interconexión directriz”), tales vínculos no son formales, no están explicitados como una regla. (Yaffé; 2005) 

En los años 1990, el PIT-CNT no solo fue aliado del Frente Amplio en la promoción de los recursos de referendo popular para derogar diversas leyes de la reforma liberal, sino actuó de modo más radical e incisivo, casi siempre tomando la iniciativa (Yaffé, 2005) 

Contrariamente, el movimiento sindical brasileño está fragmentado. La ausencia de un movimiento obrero abarcador y centralizado se presenta como una dificultad para la cooperación y negociación de los sindicatos con el gobierno de izquierda, con moderación de exigencias, de modo de evitar bajos niveles de empleo, pero consiguiendo crecimiento económico. (Reis; 2011) 

La Central Única de los Trabajadores (CUT) surgió en 1983 con el “nuevo sindicalismo”, que se contraponía al sindicalismo varguista el cual aceptaba la intervención del Estado en los sindicatos. La CUT es orgánicamente vinculada al PT. En los años 1980, la CUT era la fuerza hegemónica del movimiento obrero brasileño, la única unidad sindical centralizada, que estaba en todo el país y controlaba sectores estratégicos. Pero, posteriormente se conformaron nuevas centrales obreras como el  caso de la CGT, y tanto la CUT como las centrales de creación posterior fueron sufriendo escisiones a lo largo del tiempo. 

Hoy en día existen seis centrales sindicales reconocidas legalmente en Brasil - CUT, Fuerza Sindical, UGT, CTB, NCST y CGTB y la Nueva Central Sindical de Trabajadores (NCST), creada por confederaciones oficiales de trabajadores en 2005, además de las importantes Conlutas y Intersindical.  

 

  1. Consideraciones finales

Al analizar comparativamente los casos de Brasil y Uruguay podemos distinguir que sus principales similitudes se encuentran en que en ambos la crisis del modelo neoliberal sumado al desgaste de los partidos tradicionales benefició a estos partidos de origen de izquierda para canalizar el descontento de la ciudadanía. Esto sin embargo no ocurrió de la noche a la mañana, si no que fue producto de un largo proceso de consolidación de estos partidos a través de la resistencia a la dictadura como también en el rol de oposición a los gobiernos neoliberales.  No solo se consolidaron como estructuras partidarias, también fueron ganando mayor lugar en el escenario político y experimentaron gestiones en importantes ciudades que les sirvieron para mostrarse como modelo a replicar si lograban la presidencia.

Además, para llegar al gobierno, ambos partidos debieron atravesar un proceso de conversión en partidos catch-all, de manera tal de poder obtener los votos de todos los estratos de la sociedad sin perder sus vínculos históricos con los movimientos sindicales y con los sectores excluidos tanto de la ciudad como del campo, en el caso del MST de Brasil.

Sin embargo también presentan varias diferencias, sobre todo en lo que refiere a las características de ambos países. Por un lado, el PT cuenta con factor a favor ya que el potencial de la economía brasileña es muchas veces superior a la uruguaya. Esto le permite tener un mayor margen para llevar a cabo distintas políticas económicas, como la profundización de la industrialización como también generar muchas fuentes de empleo que beneficie a los sectores desplazados por el neoliberalismo. Exactamente lo contrario sucede si se analizan los recursos de poder al interior del sistema político. El Frente Amplio goza de una mayoría parlamentaria desde el primer gobierno de Tabaré Vázquez y de una fuerte identificación de la población con los principios del frente. De este modo cuenta con una gran legitimidad en la sociedad y con la posibilidad de tener una mayoría propia en el congreso. El escenario del  PT en esete sentido es muy distinto, ya que gobierna en una coalición con partidos que no son todos identidficados con la izquierda y no cuenta con mayoría en el congreso. Por lo tanto debe negociar cada ley que tiene como objetivo promulgar. El fraccionamiento del sistema de partidos en suma con la representación proporcional genera esta situación de debilidad de los gobiernos brasileños.

En cuanto al futuro de ambos partidos políticos en el gobierno, es necesario tener en cuenta las debilidades recién mencionadas, en cuanto al escaso apoyo parlamentario con el que cuenta el actual gobierno de Dilma Rousseff y la muy expuesta economía uruguaya, que con los tres gobiernos consecutivos del Frente Amplio no se han logrado cambios en la matriz productiva. Sin embargo, la transformación de sociedades que han atravesado largos periodos dictatoriales como también liberales en lo económico, con muchos actores políticos  de peso en la oposición, no es una tarea sencilla y es prácticamente imposible que sea modificada en el corto plazo, ya que para llevar a cabo cualquier tipo de cambio es necesario no solo contar con fuertes recursos de poder si no también con largos periodos de tiempo para que los cambios se materialicen.

 

Contáctanos

 

  • Tel: 809-685-3540 ext. 242
  • Email: info@formacionpoliticapld.org.do
  • Dirección: Av. Independencia #401, Gascue, Santo Domingo, D.N.  República Dominicana
Top
Utilizamos cookies para mejorar nuestro sitio web. Al continuar utilizando este sitio web, usted da su consentimiento a las cookies que se utiliza More details…